DIENTES DE LECHE SANOS, básico para la formación de los huesos

Los dientes de leche de un niño desempeñan un papel vital en su crecimiento y desarrollo, ya que el ejercicio en la masticación estimula a la adecuada formación de los huesos. 

Permite que las piezas permanentes broten correctamente, evitando los dientes chuecos, además, ayudan a una respiración adecuada, informó el director del Hospital Dr. Santiago Ramón y Cajal del ISSSTE, Juan Eugenio González Martínez.

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Destacó que el desarrollo de las piezas dentales es determinante en la claridad del habla de los pequeños, ya que el tratamiento oportuno y cuidado de la cavidad bucal en general conduce a un adulto sano.

Se pretende promover el mantenimiento de condiciones óptimas para la salud bucal de los niños y así evitar las secuelas producidas por caries y pérdida temprana de dientes.

La caries dental en niños y adolescentes es un problema de salud importante y hay menores que lo experimentan en edades muy tempranas, por el uso de biberones.

La caries dental es una enfermedad infecciosa oral complicada, que puede afectar la salud del niño. Comienza en la infancia, cuando las bacterias empiezan a habitar su boca. Éstas producen ácidos y toxinas dañinos a los dientes y encías, que van en aumento.


Por ello, se invita a los padres de familia para que enseñen a sus hijos cómo cepillarse los dientes, a pesar de las protestas y enojos, ya que la clave para establecer hábitos de buen cepillado es comenzar a tiempo. Así como limpiar la boca del bebé después de cada comida, desde los primeros días de nacido.

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En cuanto el bebé tenga sus primeros dientes podrá utilizar un cepillo especial para su edad y posteriormente, de dos o tres años, puede cambiarse el cepillo para niños más grandes.

A los ocho años es una edad en que el niño ya puede cepillar sus dientes por sí solo y a los 10 años puede usar hilo dental.

En cuanto a la pasta dental, recomendó el uso de una cantidad equivalente a un chícharo, sobre todo antes de los tres años, pues hasta esta edad el niño no puede escupir bien y por lo tanto tragará una parte de la pasta, aumentando la ingesta de flúor, que lo puede llevar a una fluorosis o manchas en sus piezas dentales.

Finalmente, recomendó a los padres de familia cambiar el cepillo dental cada 3 ó 4 meses, o inmediatamente después de que el niño haya pasado por algún padecimiento infeccioso.

Fuente: El Siglo


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